El jinete de bronce

jinete_bronceCalificación personal: 10/10

Género: narrativa romántica

Página web de la autora

Sinopsis:  Leningrado, 1941. La guerra parece lejana en esta ciudad de antigua grandeza, donde dos hermanas, Tatiana y Dasha Metanov, comparten un minúsculo apartamento con su familia. La vida bajo el gobierno de Stalin es dura, pero las privaciones que les aguardan ni siquiera son imaginables: el ejército de Hitler está a punto de invadir su querida patria.

Bajo el terror y la dificultad se esconden la belleza y la esperanza: Tatiana ha conocido a Alexander, un joven oficial del Ejército Rojo de misterioso y turbulento pasado. Mientras el ejército alemán y el duro invierno cercan la ciudad, los amantes se ven abocados a un amor imposible que puede desgarrar la familia de Tatiana y ser, para Alexander, tan destructivo como la guerra. Entretanto, la corriente de la historia arrasa a su paso el mundo tal y como ellos lo han conocido y amenaza con cambiarlos para siempre.



 

Reseña

La historia de Tatiana y Alexander es única, irrepetible y de las que te dejan huella.  No sólo por la componente romántica sino también por el coraje, valentía y arrojo que ambos protagonistas demuestran a pesar de encontrarse en una época y un lugar donde todo parece desmoronarse por momentos.

Es uno de mis libros favoritos, de esos que no te cansas de leer y releer, de los que recomiendas a todo el mundo. En casa ya tenemos un club de fans de esta trilogía por parte del sector femenino (estamos haciendo fuerza para que caiga algún adepto masculino), todas ellas iniciadas por mí. No obstante, me preocupa no ser capaz de plasmar en esta entrada todo lo que puedes llegar a experimentar con El jinete de bronce. En persona se notaría la pasión con la que hablo de él, cómo se me iluminan los ojos y crece mi entusiasmo…

Sé que nos conocemos desde hace poco pero, de verdad, de corazón, si hemos coincidido en gustos u opinión en libros anteriores, no lo dudes, léelo. Este libro lo merece.

Con el jinete de bronce conocerás más de cerca la realidad de la ciudad de Leningrado, las penurias que azotaron a sus ciudadanos en un intento por resistir la fuerza de Hitler. Y entre tanto sufrimiento, Paullina nos presenta a un rayo de luz, cálido e inocente. Una joven de 17 años, tristemente cumplidos  un día después de que estallara la Segunda Guerra Mundial.

Así comienza esta historia, de manera que experimentamos desde sus inicios los cambios y angustias que este hecho (esta guerra) genera en los miembros de la familia Metanov. Sin embargo, Tatiana es totalmente opuesta a su familia. De mentalidad práctica, con un humor bastante peculiar y la candidez que te caracteriza a esa edad, ella no ve la situación desde la misma perspectiva.

Su mellizo Pasha es enviado a un campamento en Tolmashevo para ponerlo a salvo, y evitar así que se aliste en el ejército. Paradójicamente, mientras Pasha lamenta no poder servir a su país, Tatiana lamenta no poder correr la misma suerte que su hermano. El resto de la familia decide mantenerse en Leningrado, sobreviviendo, o al menos intentándolo. En estas circunstancias Tatiana conoce a Alexander, un soldado del ejército rojo con un secreto sobre su pasado que condiciona sus acciones a lo largo de la historia. Lo que ninguno de los dos imaginó aquél día que se conocieron, cuando él la siguió montado en el autobús (porque sentía que debía conocerla), es hasta qué punto sus vidas estaban ligadas antes del instante en que sus miradas se encontraron.

A partir de ese momento observamos cómo Tatiana va madurando a base de golpes y a pasos agigantados, enfrentándose en ocasiones a situaciones que resultarían insostenibles para una chica de su edad. Y esto te hace cuestionarte la dureza de la vida de entonces, que hace que nuestra existencia resulte casi idílica. En ocasiones paraba la lectura sorprendida y recordando que, aunque llega a comportarse como una mujer adulta, Tatiana no rozaba siquiera la veintena.

En lo que respecta a Alexander, es uno de mis personajes masculinos preferidos. De verdad, la primera vez que lo leí estuve por comenzar una iniciativa que fuera “Pon un Alexander en tú vida”. Me encanta cómo se desvive por Tatiana, cómo trata de hacer lo mejor por ella, aunque en algunos puntos de la trama no le llegues a comprender del todo. En realidad admiro muchísimo la fuerza con la que ambos luchan el uno por el otro.

Se nota además que Paullina ha contado con la ayuda de familiares que sobrevivieron a situaciones similares a las descritas en el libro, lo que le da más realismo a la trama. Ha hecho un trabajo de ambientación que da más valor al contenido y, por si fuera poco, describe con un rico abanico de detalles los lugares y escenarios, resultando muy fácil imaginarlos. Si cierras los ojos y extiendes las manos casi podrías tocarlos. De estos lugares descritos me quedo con Lazarevo (si lo leéis contarme si habéis sentido lo mismo).

Y, aunque el amor es el motor de la historia, nos encontraremos por el camino traiciones, amistades, triángulos amorosos, muerte y torturas. Me resulta admirable que Tatiana permanezca con su espíritu inquebrantable (generosa, luchadora, positiva y tenaz) sin corromperse. Los personajes son complejos (tanto principales como secundarios), de manera que a veces los odias, en otras les lloras y a algunos los quieres con más fuerza si cabe.

A medida que avanzas, la historia se complica, los giros se vuelven cada vez más retorcidos, la tensión se hace cada vez más presente… y finalizas su lectura con un grito. Fuerte y claro. ¡Alexander!

Por suerte, tras esto quedan dos libros más para terminar de saber qué ocurre con esta pareja. Para finalizar,  os dejo con algunos de los fragmentos que más me gustaron:

“Tatiana y el soldado compartieron el silencio. «¿Cómo podían compartir el silencio— se preguntó la muchacha —. Acabamos de conocernos. Un momento. No nos conocemos en absoluto. No sabemos nada el uno del otro. Ni siquiera el nombre. ¿Cómo podemos compartir nada?»

“—Encontré a mi verdadero amor en las orillas del Kama.

—Yo encontré a mi verdadero amor en Ulitsa Saltikov-Schedrin, mientras estaba sentada en un banco y comía un helado.

—Tú no me encontraste. Ni siquiera me buscabas. Yo te encontré.

—Alexandr, ¿me buscabas?.

—Toda mi vida.

—Shura, ¿cómo podemos estar tan próximos? ¿Cómo podemos estar tan conectados? Desde el primer momento.

—Lo nuestro no es proximidad.

—¿No?

—No. Lo nuestro no es conectar.

—¿No?

—No. Lo nuestro es comunión…”

“ Tatiana — susurró Alexandr —, tú no tendrás miedo del terror de la noche, ni de la flecha que vuela de día, ni de la pestilencia que camina en la oscuridad, ni de la destrucción del mediodía. Un millar caerán a tu lado y diez mil a tu mano derecha, pero no se acercarán a ti.”

“ Lo recuerdo todo, cada palabra, cada aliento, cada sonrisa, cada beso que me diste, cada juego que jugamos, cada pastel de col que cocinaste. Lo recuerdo todo.”

Puedes encontrar el libro “El jinete de bronce” aquí

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